martes, 3 de septiembre de 2019

LEYES UNIVERSALES - Ley del Amor

El Amor es en sí una vibración poderosa que emana de Dios como energía vivificante que alimenta toda la creación. En el aspecto humano el amor emana del alma superior manifestándose como afecto, cariño, compasión, ansia de ayudar, auxiliar al sufridor, anhelo de hacer felices a los demás. En las primeras fases evolutivas, el alma superior es ahogada por el alma humana, transmutando esa vibración divina hacia el egoísmo (amor a uno mismo). Conforme se sensibiliza el alma, el egoísmo cede en intensidad y poco a poco se manifiestan los sentimientos de bien, estableciéndose el contacto con la vibración divina y capacitando al ser humano para percibir las bellezas de la vida a la vez que armonizando la mente humana. ¿Qué es el amor para el común de las gentes? Un sentimiento de atracción y acercamiento entre familiares, amigos, etc. estos son aspectos humanos del amor, como el amor de padres, hijos, esposos, hermanos. 

El verdadero amor es impersonal, es un sentimiento espontáneo de ayuda a los demás con el sólo deseo de servir y contribuir a la felicidad del otro; es un sentimiento que brota del alma de aquellos que han superado o ya están superando el egoísmo. El amor es energía vivificante y generador de armonía y felicidad. Todos los aspectos de la naturaleza son armónicos porque están impregnados de esa maravillosa vibración cósmica: Amor. Por desgracia, los humanos polarizamos esa vibración armónica transmutándola en desarmónica, con lo que creamos estados de ánimo de desdichas y amarguras. Es nuestro egoísmo el que nos lleva a la desarmonía mental- emocional. Cuando vibramos en amor sentimos una paz inefable, una alegría interna indescriptible; sensación que nos indica que nuestra alma está percibiendo la vibración de amor que emana de la divinidad. Al olvidarnos de los valores espirituales para ir tras el espejismo del dinero y los placeres, el egoísmo aparece y ahogamos esa vibración maravillosa que polarizamos en el amor a nosotros mismos. 

El amor es a su vez la llave que abre todos los corazones. 
Quien no ha visto el poder del amor transformando en amigos a enemigos; o a mujeres que con su bondad y dedicación llegan a modificar los hábitos viciosos de sus maridos. Y que decir de los cuadros lastimosos de aquellas parejas que se reprochan los defectos, dejándose dominar por el egoísmo y el amor propio, dando un pésimo ejemplo a sus hijos. ¿Cómo evitar esto? Sorteando todo motivo de discordia, tratando de ver las cualidades buenas y esforzándose por hacer feliz al otro. Sólo el amor desinteresado es creador de felicidad. El humano más feliz es aquel que ha aprendido a amar. Solamente dando amor recibiremos amor. Es la ley. 

La verdadera felicidad está en el dar, más que en el recibir. Si entre familiares, compañeros de trabajo o allegados hubiese alguno que nos hace daño, no le odiemos; no cometamos esta torpeza, ya que el mismo se hace daño. Es su atraso evolutivo el que le hace actuar así. Tengamos compasión y no nos dejemos llevar por el orgullo; proyectemos sobre esa persona vibraciones de amor (buenos sentimientos y pensamientos.) De este modo pondremos en práctica las enseñanzas del maestro Jesús: pagar bien por mal. Mantengamos pensamientos de amor hacia todos y hacia todo, hacia el hogar, en el trabajo, en nuestras relaciones humanas, intentando contribuir a la felicidad de los demás; con ello conquistamos nuestra propia felicidad. 

Esto no es mística ni ilusión, es una técnica para una vida armónica y feliz. Irradiando amor, creamos a nuestro alrededor una atmósfera psíquica de armonía, vigorizando nuestras células nerviosas y las células de los tejidos; evitando un envejecimiento prematuro y contribuyendo al perfecto funcionamiento de las glándulas endocrinas y exocrinas, reguladoras de la salud, con lo que mejoraremos las salud de nuestro cuerpo y alma, y consecuencialmente una sensación de paz y dicha inundará nuestra alma y mente. Además, deseando el bien a todos, creamos un campo magnético protector contra las acometidas de las fuerzas negativas invisibles. El amor actúa también como vibración purificadora del alma humana, evitando la acción depuradora del dolor, abriéndonos la puerta de los planos superiores al final de esta vida terrena.

El amor es la gran ley por la que se rigen todas las demás leyes universales. “Sólo por el amor será salvo el hombre”, dijo Jesús. ¿Salvo de qué? Del dolor, en sus diversos aspectos físicos, psíquicos, morales, en la vida presente y en el más allá. El alma manchada por pensamientos, sentimientos y acciones ruines tiene que depurarse, limpiarse, porque es la ley. El dolor, como catarsis, es función depuradora del magnetismo mórbido generado en las acciones de mal del pasado y es el encargado de realizar esa función. No obstante, por el amor sentido y realizado podemos liberarnos del dolor; ya que el amor sutiliza el alma humana; la va limpiando lentamente evitando de esa forma la depuración compulsoria del dolor. Todas las enseñanzas de Jesús están basadas en el amor; para la liberación del dolor y una vida armónica y feliz, así como para el progreso de nuestro espíritu. Algunas personas, en su infantilismo, creen que una fe o creencia les basta para liberarse de las consecuencias dolorosas de sus actos de maldad. Aprendamos a amar siendo útiles a nuestros semejantes, sin esperar recompensa alguna, ya que aprender a amar es aprender a vivir. 

El camino del amor es el del progreso del espíritu; que es la realidad existencial continuadora de vida en el tiempo y el espacio. Nos liberará de rencarnaciones penosas en mundos atrasados y nos evitará el dolor. La evolución de la humanidad debió ser una consecuencia natural del conocimiento de la verdad que Dios hizo llegar a las civilizaciones por sus distintos enviados. Pero el egoísmo, ambición y orgullo, cambió el curso de la humanidad retrasando su evolución moral. No obstante los tiempos marcados por la ley ya han llegado, y con ello la clasificación de los de la derecha e izquierda del Cristo. Estos últimos pasarán a mundos inferiores donde esas almas endurecidas se sensibilizarán en vidas de dolor. Desde hace miles de años el Cristo conocía la evolución y trayectoria de nuestro planeta, pues ÉL tiene encomendada la evolución de la tierra y su humanidad; y en una de sus últimas venidas mesiánicas como Jesús de Nazaret vino a salvar a la humanidad del caos. Por ello Jesús es el salvador; pero NO para salvar a la humanidad con su muerte, sino con su DOCTRINA DE AMOR. Vino para redimirnos, sí, pero NO con su sangre, sino con sus conceptos y enseñanzas de superación y amor fraterno en la convivencia humana. Seremos redimidos por nosotros mismos, por nuestro propio esfuerzo, tal es la ley.