El Amor es en sí una vibración poderosa que emana de Dios como
energía vivificante que alimenta toda la creación. En el aspecto
humano el amor emana del alma superior manifestándose como
afecto, cariño, compasión, ansia de ayudar, auxiliar al sufridor, anhelo
de hacer felices a los demás.
En las primeras fases evolutivas, el alma superior es ahogada por
el alma humana, transmutando esa vibración divina hacia el egoísmo
(amor a uno mismo). Conforme se sensibiliza el alma, el egoísmo cede
en intensidad y poco a poco se manifiestan los sentimientos de bien,
estableciéndose el contacto con la vibración divina y capacitando al
ser humano para percibir las bellezas de la vida a la vez que armonizando
la mente humana.
¿Qué es el amor para el común de las gentes? Un sentimiento
de atracción y acercamiento entre familiares, amigos, etc. estos son
aspectos humanos del amor, como el amor de padres, hijos, esposos,
hermanos.
El verdadero amor es impersonal, es un sentimiento espontáneo
de ayuda a los demás con el sólo deseo de servir y contribuir
a la felicidad del otro; es un sentimiento que brota del alma de aquellos
que han superado o ya están superando el egoísmo. El amor es
energía vivificante y generador de armonía y felicidad.
Todos los aspectos de la naturaleza son armónicos porque están
impregnados de esa maravillosa vibración cósmica: Amor. Por desgracia,
los humanos polarizamos esa vibración armónica transmutándola
en desarmónica, con lo que creamos estados de ánimo de desdichas y
amarguras. Es nuestro egoísmo el que nos lleva a la desarmonía mental-
emocional.
Cuando vibramos en amor sentimos una paz inefable, una alegría
interna indescriptible; sensación que nos indica que nuestra alma
está percibiendo la vibración de amor que emana de la divinidad. Al olvidarnos de los valores espirituales para ir tras el espejismo del dinero
y los placeres, el egoísmo aparece y ahogamos esa vibración maravillosa
que polarizamos en el amor a nosotros mismos.
El amor es a su vez la llave que abre todos los corazones.
Quien
no ha visto el poder del amor transformando en amigos a enemigos;
o a mujeres que con su bondad y dedicación llegan a modificar los hábitos
viciosos de sus maridos. Y que decir de los cuadros lastimosos
de aquellas parejas que se reprochan los defectos, dejándose dominar
por el egoísmo y el amor propio, dando un pésimo ejemplo a sus hijos.
¿Cómo evitar esto?
Sorteando todo motivo de discordia, tratando de ver las cualidades
buenas y esforzándose por hacer feliz al otro.
Sólo el amor desinteresado es creador de felicidad. El humano
más feliz es aquel que ha aprendido a amar. Solamente dando amor
recibiremos amor. Es la ley.
La verdadera felicidad está en el dar, más
que en el recibir.
Si entre familiares, compañeros de trabajo o allegados hubiese
alguno que nos hace daño, no le odiemos; no cometamos esta torpeza,
ya que el mismo se hace daño. Es su atraso evolutivo el que le
hace actuar así. Tengamos compasión y no nos dejemos llevar por el
orgullo; proyectemos sobre esa persona vibraciones de amor (buenos
sentimientos y pensamientos.) De este modo pondremos en práctica
las enseñanzas del maestro Jesús: pagar bien por mal.
Mantengamos pensamientos de amor hacia todos y hacia todo,
hacia el hogar, en el trabajo, en nuestras relaciones humanas, intentando
contribuir a la felicidad de los demás; con ello conquistamos
nuestra propia felicidad.
Esto no es mística ni ilusión, es una técnica
para una vida armónica y feliz.
Irradiando amor, creamos a nuestro alrededor una atmósfera
psíquica de armonía, vigorizando nuestras células nerviosas y las células
de los tejidos; evitando un envejecimiento prematuro y contribuyendo
al perfecto funcionamiento de las glándulas endocrinas y exocrinas,
reguladoras de la salud, con lo que mejoraremos las salud de nuestro cuerpo y alma, y consecuencialmente una sensación de paz
y dicha inundará nuestra alma y mente. Además, deseando el bien a
todos, creamos un campo magnético protector contra las acometidas
de las fuerzas negativas invisibles.
El amor actúa también como vibración purificadora del alma humana,
evitando la acción depuradora del dolor, abriéndonos la puerta
de los planos superiores al final de esta vida terrena.
El amor es la gran
ley por la que se rigen todas las demás leyes universales. “Sólo por el
amor será salvo el hombre”, dijo Jesús. ¿Salvo de qué? Del dolor, en
sus diversos aspectos físicos, psíquicos, morales, en la vida presente y
en el más allá.
El alma manchada por pensamientos, sentimientos y acciones
ruines tiene que depurarse, limpiarse, porque es la ley. El dolor, como
catarsis, es función depuradora del magnetismo mórbido generado
en las acciones de mal del pasado y es el encargado de realizar esa
función. No obstante, por el amor sentido y realizado podemos liberarnos
del dolor; ya que el amor sutiliza el alma humana; la va limpiando
lentamente evitando de esa forma la depuración compulsoria
del dolor.
Todas las enseñanzas de Jesús están basadas en el amor; para la
liberación del dolor y una vida armónica y feliz, así como para el progreso
de nuestro espíritu. Algunas personas, en su infantilismo, creen
que una fe o creencia les basta para liberarse de las consecuencias dolorosas
de sus actos de maldad.
Aprendamos a amar siendo útiles a nuestros semejantes, sin esperar
recompensa alguna, ya que aprender a amar es aprender a vivir.
El camino del amor es el del progreso del espíritu; que es la realidad
existencial continuadora de vida en el tiempo y el espacio. Nos liberará
de rencarnaciones penosas en mundos atrasados y nos evitará el
dolor.
La evolución de la humanidad debió ser una consecuencia natural
del conocimiento de la verdad que Dios hizo llegar a las civilizaciones
por sus distintos enviados. Pero el egoísmo, ambición y orgullo,
cambió el curso de la humanidad retrasando su evolución moral.
No obstante los tiempos marcados por la ley ya han llegado, y
con ello la clasificación de los de la derecha e izquierda del Cristo. Estos
últimos pasarán a mundos inferiores donde esas almas endurecidas
se sensibilizarán en vidas de dolor.
Desde hace miles de años el Cristo conocía la evolución y trayectoria
de nuestro planeta, pues ÉL tiene encomendada la evolución de
la tierra y su humanidad; y en una de sus últimas venidas mesiánicas
como Jesús de Nazaret vino a salvar a la humanidad del caos.
Por ello Jesús es el salvador; pero NO para salvar a la humanidad
con su muerte, sino con su DOCTRINA DE AMOR. Vino para redimirnos,
sí, pero NO con su sangre, sino con sus conceptos y enseñanzas
de superación y amor fraterno en la convivencia humana. Seremos
redimidos por nosotros mismos, por nuestro propio esfuerzo, tal
es la ley.

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