La primavera es la encantadora estación en la que parece renacer la vida a nuestro alrededor, después de pasadas las frías jornadas de invierno; en que la savia circula, activa y caprichosa, lo mismo en los seres humanos que en las plantas; donde la energía de los rayos solares se transforma en fenómenos luminosos, calóricos, químicos, de todo género, manifestándose en verdes follajes, en nidos encantadores; donde la alegre naturaleza resucita en los rayos de luz y de esperanza. Entonces se olvidan los años que de manera tan rápida se llevan los seres y las cosas y que borran el pasado del cuadro variante de la existencia. Entonces se cree en el presente, se cree en el porvenir, se respira a llenos pulmones la atmósfera vivificadora de los vergeles y de los bosques.
Los árboles floridos parecen bouquets de nieve, y bajo los primero ardores del sol los pétalos de las brillantes corolas maduran, cuidándose la brisa de llevar el polen a todas partes. Días encantadores, horas magníficas como la noche profunda y divina, como el cielo estrellado, como la luna de plateados rayos, como todos los hermoso cuadros de la naturaleza, nos proporciona la impresión de los eternos amores, inunda nuestros corazones de una inmensa alegría y magnetiza todos nuestros sentidos de las simpatías de la vida, haciéndonos creer que esta vida no terminará jamás. ¡Deliciosa primavera! tú ignoras tu obra, tú misma no existes, pero nosotros, que no somos ingratos, te amamos. Tengo muy cerca de mí al alcance de la mano, en el momento en que escribo estas líneas, un pequeño nido de pájaros, una familia nuevamente llevada sobre la tierra, un problema.
El estudio de la naturaleza es muy curioso. Un insecto, una flor, una brizna de hierba encierra toda la historia del Universo. ¿Qué filósofo ha descubierto que el alma de la mujer esconde todos los misterios de la creación y hace inútil toda tentativa de análisis? Pues acaso no se encierra menos misterio en la pequeña clueca que tengo bajo mis ojos.
Haciendo observaciones de astronomía y particularmente del Sol–todo en la naturaleza se halla profundamente enlazado–fue cómo se llevó a cabo el estudio del nido objeto de estas líneas. Durante siete años, de 1885 a 1891, la temperatura de toda Europa ha sido más baja que la normal.
El equilibrio se restableció en 1892, elevándose la temperatura después. Si se quiere dar cuenta del calor sobre la vegetación, no sólo debe ser considerada la temperatura del año, sino aún y de un modo particular, la de cada mes, de cada semana, de cada día, de todos los días por así decirlo. La primavera es, naturalmente, la época que juega el papel preponderante. Puede un invierno ser en extremo riguroso y no retardar ni un solo día la marcha de la vegetación si en marzo y en abril abunda el sol y un poco la lluvia. Desde 1871 he venido observando cada año la fecha en que los castaños de la Avenida del Observatorio de París, han aparecido con botones, con hojas y con flores. Así, por ejemplo, en 1888 la Avenida no estuvo cubierta de hojas hasta el 5 de mayo, mientras que en 1893 lo era ya desde el 4 de abril. El conjunto de la Avenida no apareció florido en 1889, hasta el 9 de mayo, y en cambio lo estaba ya el 11 de abril en 1894.
Las fechas de las primeras lilas floridas fueron durante una serie de años como sigue: 1886, 27 de abril; 1887, 6 de mayo, 1888, 17 de mayo; 1889, 8 de mayo; 1890, 23 de abril; 1891, 6 de mayo; 1892, 23 de abril, 1893; 6 de abril; 1894, 6 de abril. Según se ve, es notable la diferencia de uno a otro año. Follaje, floración, fructificación, maduración, son resultados del calor solar; son efectos de una adición de grados calóricos. Para que el trigo llegue al estado de madurez, la suma de temperatura debe alcanzar 2,450 grados; y para que el racimo de un vino excelente, esta suma debe exceder de 2,800 grados. Pues bien, los amores de los pájaros, sus nidos, el nacimiento de los pequeños es también una cuestión de sol. Este año, como el pasado, la primavera ha llegado temprana y los nidos han sido muy precoces. Los gorriones empiezan a agitarse desde el 27 de febrero; desde esta fecha se querellan, visitan los balcones, saltan sobre las persianas, se esconden en los hoyos que los pone a cubierto del viento y de la lluvia y sus pequeñas patitas corren presurosas a lo largo de las persianas produciendo suavísimo ruido.
Es que la temperatura media del aire se acerca a 10º y que el máximo de la misma ha alcanzado a 12º. El 5 de marzo ha empezado los nidos y con ellos las ardientes luchas por el amor, la adopción de prometida. El macho llama en lenguaje poco complicado tíe tíe, tíe, tíe, y vuelve a derecha e izquierda su inquieta cabeza. La prometida se hace rogar primero, acabando, no obstante, por contestarle tui tui, tui tui. Pronto la unión es solemne, la fe jurada y el emplazamiento del modo escogido. Desde aquel momento cesa la lucha entre machos; el casamiento es un hecho; se renuevan los juramentos eternos….
El nido queda pronto hecho, empleando al efecto todos los materiales que se encuentran en la vecindad y aun, en alguna distancia, pues domina en él la paja, las briznas de hierba seca, los rabos de bramante, hilo, cintas, trozos de trapo, cabellos, crines, plumas de gallina y particularmente de gorriones, todo ello revuelto, confuso, pero hecho con la mayor rapidez. Parece que el tiempo urge. Han sido puestos cuatro pequeños huevos y he aquí a la clueca inmóvil extendiendo sus alas como un hermoso manto.
Las noches son frías aún. ¡Y el viento, y la lluvia! Y eso que ha sido escogido el mejor sitio.
El esposo nutre a la esposa inmóvil por el sentimiento del deber, yendo a buscarle constantemente gusanos e insectos en los jardines. El 17 de abril rompen el cascarón los pequeños y empiezan a hacer oír sus píos, í, í, í, í, débiles como un soplo. Al día siguiente la voz ya es más fuerte, y al otro día se les oye bien. Durante toda la jornada, el padre y la madre, rápidos como una flecha, no cesan de atravesar el aire en su constante ir y volver, en viajes de tres minutos para aportar la comida a los pequeños, Sólo se descansa durante la noche. ¿Y los amores del mes anterior? Han terminado. ¡Adiós, placeres! Ahora hay toda una familia a nutrir, a atender y a poner en camino de la vida.
Sí, hay que ponerla en camino de la vida con la mayor rapidez. El 3 de mayo el padre y la madre se elevan a las ramas vecinas y llaman a los pequeños. ¿Queréis subir? ¡Perezosos! ¡Ya sois demasiado grandes! ¿Qué hacéis en el lecho? ¡Vamos, ensayaos!
Los pequeños tienen miedo, no se atreven. Ensayan sus alas, no se atreven a lanzarse; salen del nido y caen en él de nuevo. Otro esfuerzo aún. Parte uno y con asombro se ve colocado sobre una rama a diez metros de la cuna. Los otros le imitan y queda el nido vacío. El 5 de mayo el esposo y la esposa ya han olvidado a su familia y, amantes celosos, querellantes, coquetones, empiezan de nuevo sobre el balcón, sus coloquios de amor. Se prepara una segunda nidada. Decididamente, la vida pasa veloz. Durante la noche debía hacer observaciones astronómicas en Juvisy. En el campo hacía la misma vida que en París, pero más intensa. Durante toda la noche el ruiseñor no cesó de hacer oír su canto inimitable e imposible de transcribir.
La aurora viene a despertar todo los pequeños seres alados. La curruca, de negra cabeza lanza sus maravillosos trinos, en los cuales parece retar al ruiseñor. El mirlo arrulla sus sonoras modulaciones. Al fondo del bosque el cucut hace oír su llamamiento disilábico de una hipócrita tranquilidad. El pinzón repite sin cansancio su doble refrán tzi tzi tzi triarrantz, al que contesta el carbonerito lanzando a los aires, su alegre stiglitpic–keinickkikleia. Es la primavera, es el amor, es la vida, es el sol.
LOS PÁJAROS
A pesar de Voltaire, que acusa a nuestro planeta de girar muy torpemente, y a pesar de San Agustín, que le acusa asimismo de haber girado mal desde el nefasto día en que el pecado de Adán motivó la supresión de la primavera perpetua y la indicación del eje del mundo, no obstante, conviene saber que la sucesión de las estaciones ofrece al observador de la naturaleza un encanto particular que no existiría si viviéramos en Júpiter, donde se disfruta de un perpetuo equinoccio. Tal cual es, la naturaleza terrestre no es del todo desagradable, y el despertar de la primavera viene cada año a invitarnos a olvidar por un momento el mundo superficial de la civilización humana, para templarnos de nuevo en las vivificadoras fuentes de la naturaleza. La vuelta de los pájaros en nuestros climas no es ni una de las menores curiosidades que pueden cautivar nuestra atención, ni uno de los espectáculos que menos pueden instruirnos. Precisamente estos días hojeaba un nuevo volumen de la encantadora Biblioteca de las Maravillas, escrito por M. le Brevans, sobre la Emigración de los pájaros. Cazador de mérito, como Tussenel, su maestro, el autor ha observado de cerca las costumbres de estos pequeños seres, y con él vamos a hacer por un momento una rápida excursión a las montañas, para sorprender, también nosotros, las transmigraciones periódicas de los seres alados, transmigraciones tan maravillosas y tan poco conocidas aún.
El hecho de la emigración de los pájaros se nos revela, en la primavera y en el otoño, por las grandes bandadas que vemos pasar y perderse en el horizonte y por todos estos pájaros, a menudo extranjeros, a la región que encontramos en las selvas, en los campos, en épocas determinadas, y que algunos días después han desaparecido. Pero de esto a saber de dónde vienen, a dónde van, y qué móvil les mueve, va una gran distancia. Han sido precisas muchas observaciones, y sobre todo que las comunicaciones entre los países más alejados hayan sido establecidas; en una palabra, ha sido necesario que la historia natural haya tenido tiempo y posibilidad de constituirse para poder llegar a adquirir los actuales conocimientos sobre la materia, con todo y ser tan poco precisos. Anteriormente, en todos los siglos pasados ¡cuántas fábulas, cuántos cuentos han venido propagándose sobre éste, como sobre tanto otros asuntos! Al ver los pájaros desaparecer al acercarse el invierno, se había llegado a suponer que se metamorfoseaban en algunas otras especies de animales o que se refugiaban en los agujeros y permanecían durante la estación del frío como las serpientes o las marmotas.
De las encantadoras alondras, de las hijas del aíre por excelencia, se dijo que se sumergían en los estanques, citando en prueba y en demostración de este aserto, el hecho de que habiendo unos pescadores sacado algunas en sus redes, puestas a cocer con otros animales capturados, se reanimaron con el calor y reanudaron su vuelo. Tanto se ha reproducido este cuento, que hace pocos años un diario serio de París lo repetía aún como hecho reciente y efectivo. Hoy sabemos perfectamente, por testimonio de numerosos viajeros, que mientras nosotros nos acercamos en torno de nuestros hogares en invierno, la alondra se calienta alegremente al sol de los oasis de África. A mediados del penúltimo siglo el naturalista Adanson escribía a Buffon que en su larga estancia en el Senegal había visto siempre a dicho pájaro llegar en la época que abandona Francia y partir en la que vuelve. Por otra parte, su paso por las regiones intermedias está plenamente confirmado, como lo confirmamos nosotros mismo cuando vemos a esos encantadores seres reunirse en bandejas para prepararse a partir, desapareciendo después en interminables vuelos a ras de tierra y en dirección al Sur.
El continente africano es, pues, su estación invernal, como Europa es su estación veraniega.
Así ocurre con otros pájaros, que cambian pura y simplemente de clima gracias a los medios de locomoción de que les ha previsto la naturaleza. Lo cierto es que estos afortunados mortales siguen el sol, escapando siempre de las frialdades del invierno. ¡Ah, si el hombre tuviese alas y pudiese viajar con el simple bagaje de los pájaros! ¡Cuántos imitarían su ejemplo! El hombre moderno tiene, como medios de locomoción, el vapor, la electricidad, los buques; como dirección, la brújula, el cálculo sideral, la topografía; como conocimiento del tiempo, el calendario, el cronómetro; como previsión del estado atmosférico, el barómetro, el termómetro, el hidrómetro y las observaciones meteorológicas son otros tantos medios factibles, producto de la ciencia, que se suman a los que le son naturales y que los centuplican. El pájaro, no dispone más que de estos medios naturales, pero de tal condición que no tenemos de ellos ni una simple idea.
Los pájaros de Europa, comprendiendo en este nombre a todos los que anidan en más o en menos en nuestro continente constituyen unas 500 especies. De ellas, sólo treinta o cuarenta lo más, como la perdiz, el gorrión, etc., son sedentarios y permanecen en los sitios en que nacieron. Todas las demás emigran más o menos hacia el Sur contentándose unas con salvar el límite de los grandes fríos, ganando otras las regiones más templadas del mediodía de Europa o las más cálidas del África septentrional. Otras, finalmente, avanzan hasta los trópicos, y no se detienen sin haber franqueado el ecuador, para encontrar en el hemisferio austral un clima análogo al que acaban de abandonar. Se conocen algunos de estos viajes, por observaciones precisas y bien determinadas. Hacia 1820, un naturalista de Basilea4, viendo que una cigüeña que iba de paso llevaba un dardo adherido al cuerpo, no pudo resistir a la curiosidad de saber la causa de este fenómeno anormal y mató al pájaro. El dardo no era más que una especie de flecha que fue reconocida como perteneciente a los pueblos salvajes que viven en las regiones vecinas del Cabo de Buena Esperanza5. Resultaba, pues, que la cigüeña había sido herida en aquellos sitios, y sin embargo, gracias a la potencia de locomoción de los pájaros acababa de recorrer el inmenso trayecto, a pesar de la herida y del obstáculo del dardo. La potencia del vuelo de los pájaros y su facilidad en hacer toda suerte de evoluciones se manifiestan a diario ante todo el que quiera hacer de ellos un análisis.
La pequeña golondrina se eleva por los aires hasta desaparecer de nuestros ojos, cantando siempre su alegre canción. Se remonta hasta cerca de un kilómetro, sin cesar jamás en su canto, cuya voz nos llega clara y distinta de las demás, aun desde las mayores alturas. La paloma mensajera, tan de moda en nuestros tiempos, hace de veinte a treinta leguas por hora. Se conocen dos hechos, que han pasado a ser legendarios; el halcón de Enrique II, que habiéndose escapado en una cacería realizada en Fontainebleau, fue cazado el día siguiente en Malta y reconocido por su collar, y el halcón enviado al duque de Lerma desde las islas Canarias, que volvió en 16 horas desde Andalucía a Tenerife, recorriendo un trayecto de 1,000 kilómetros en razón de 62 kilómetros por hora. Buffon declara, y esta opinión nada tiene de exagerada, que el alcance de la vista de las aves de rapiña de alto vuelo es veinte veces mayor que el del hombre.
Puede deducirse que el pájaro abarca generalmente con su mirada todo el espacio que es susceptible de recorrer en un día, gozando, además, de una gran memoria de los sitos por donde ha pasado. La sensibilidad nerviosa del pájaro es extrema, según lo indica la naturaleza de toda su estructura, pudiéndose formar concepto de esta circunstancia con sólo tener en cuenta los efectos que produce en su cuerpo todo contacto.
El pájaro está dotado, particularmente, de un género de sensibilidad exterior, desarrollada hasta un grado enorme, y que le es sumamente propia: es la del estado calórico, hidrométrico y eléctrico de la atmósfera. Sus plumas, compuestas de un tejido sobre el cual aparecen finas barbas, llevan en sí mismas una cantidad infinita de bárbulos, tenues y ligeros, que son otros tantos hidrómetros y electrómetros que le transmiten sus impresiones, pudiéndose afirmar que el pájaro es un aparato meteorológico viviente. Todos nos damos cuenta, en más o en menos, del estado de las alteraciones de la atmósfera; el viento del Este es en unas partes más fresco y ligero que el del Sur o el del Norte, en otras es a la inversa. Pero, ¡hasta qué punto la exquisita impresionabilidad de los pájaros debe hacerles apreciar matices que a nosotros nos escapan! La más ligera modificación les es manifestada; he aquí un barómetro: la más imperceptible brisa les indica su procedencia; he aquí su brújula. El pájaro lleva consigo, pues, todo un observatorio instantáneo. Para los pájaros que viajan de día, a alto vuelo, la extensión de su mirada y los panoramas que la naturaleza les proporciona bastan para explicar sus curiosos viajes.
Puede decirse que tienen bajo sus ojos, en toda la acepción de la palabra, un plano a vista de pájaro, y que su camino parece fácilmente trazado. Pero respecto a los que se elevan poco encima del nivel del suelo, o que viajan de noche, a menudo en una total obscuridad ¿cómo pueden tener conocimiento exacto para proceder conforme lo hacen?.. No es este el último de los enigmas que tenemos a resolver. El lenguaje de los animales, la comunicación de sus ideas, aunque obscura para nosotros, no por eso existe de una manera menos real y efectiva. Los llamamientos y los cantos de los pájaros, de los cuales distamos mucho de conocer en todos sus tonos, y una multitud de medios que poseen y que nos es dable observar, son de sobra suficientes para demostrarlo. El centinela que vigila mientras la bandada descansa, sabe ciertamente hacerse entender y comprende cuándo amenaza un peligro; el pájaro que hace el reclamo desde lo alto de un árbol, es comprendido por sus semejantes que pasan, pues éstos se detienen o prosiguen su camino según les parezca mejor. Puede suponerse que los maestros, que los experimentados, instruyen rápidamente a los jóvenes; que todos reciben, mientras viajan, noticias e indicaciones, que se comunican su opinión respecto al camino que deben seguir, y quién sabe si envían emisarios encargados de descubrir el terreno.
Citemos algunos ejemplos.
El grajo, universalmente conocido en Europa es el tipo más característico de los emigrantes del Sudeste. La razón es sencilla. Aunque nutriéndose de todo, insectos, larvas, gusanos, granos, carne, frutas, etc., como sus colegas, siente una gran predilección por las bellotas y las castañas, de las cuales hace acopio para prolongar en lo posible su satisfacción. Como los árboles que producen estos frutos están limitados por la naturaleza a una especie de cinta longitudinal comprendida aproximadamente en los 35º y 45º paralelos, cuando el grajo emigra se ve obligado a seguir esta zona, dirigiéndose hacia el Este, pues el Oeste le es cortado por el Océano. El grajo teme poco al frío, y cuando éste llega deja siempre representantes en estado sedentario entre nosotros. Está dotado de un excelente apetito y le gusta digerir y dormir en tranquilidad. Que se produzca un ruido insólito, que circule furtivamente un animal entre los matorrales elegidos como domicilio, y pronto se le oye vociferar, lanzando verdaderos gritos... de grajo encolerizado. Generalmente es de las diez a las doce de la mañana cuando realizan el movimiento de marcha más acentuado, aumentando en intensidad hasta el 22 de octubre, cesando después por completo. Pasan en cortas bandadas yendo de una selva a otra, de un árbol a otro escalando los escarpados picos, chillando y riéndose de los paseantes siempre que no tengan nada que temer. «Durante mi infancia, cierto día, dice M. de Brevans, vi a un grajo colgarse de sus patas en una rama para observarme mientras pasaba.
Le lancé mi bastón y se ausentó diciendo: «¡Geaigeai, Kuai!», que repitieron todos sus camaradas». Todos los naturalistas están de acuerdo en afirmar, aunque sin citar hechos en apoyo de sus manifestaciones que el ruiseñor emigra también al Este, pasando por las regiones meridionales de Europa, y que va a invernar en Siria y hasta en Egipto. El ruiseñor es ciertamente uno de los pájaros más misteriosos en lo que a las emigraciones se refiere, viajando silenciosamente a la sombra de los zarzales o de los bosques, y probablemente durante la noche. Es difícil seguir su marcha. Sin embargo, sabemos de manera cierta, que no da lugar a dudas, que los ruiseñores llegan en gran número al Mediodía de Francia y que abandonan regularmente nuestra latitud, o mejor dicho, nuestra zona hacia el 15 de agosto, volviendo, con no menos puntualidad, del 12 al 15 de abril, día más día menos, según la temperatura. En este preciso momento es cuando se toman los machos para enjaularlos. Algunos días después ya están aparejados y se dejan morir sentimentalmente de tristeza en su prisión.
La codorniz abandona el terreno en septiembre y octubre, y vuelve hacia el 10 de mayo por lo que se refiere a los machos y al 1º de junio en cuanto a las hembras.
El viaje lo efectúa durante la noche. Las hay que, procedentes del Norte, se detienen en los países de temperatura húmeda, tales como el Sur de Inglaterra, la Bretaña y Provenza, pero la mayor parte van a pasar el invierno en África. El gran problema estriba en atravesar el Mediterráneo, acto que realizan incluso las especies más pequeñas y más débiles. La mayor distancia que separa el continente africano de Europa – de Marsella a Argelia – es de unos 650 kilómetros. La codorniz no dispone indudablemente de las potentes alas de la Paloma; pero en cambio sus movimientos son más rápidos, hasta el punto de que su vuelo durante el día escapa a la vista. Basándose en el cálculo, de un vuelo de 300 kilómetros por hora del martinete, de 240 de la alondra y 100 a 120 de la paloma mensajera, puede admitirse para la codorniz, sin temor a ninguna exageración, un vuelo a razón de 64 kilómetros por hora. La travesía directa le exigiría, pues, diez horas, o sea el espacio de una noche. Pero no debe olvidarse que existen varios puntos intermediarios, tales como, partiendo del Oeste, el Estrecho de Gibraltar, ancho sólo de 15 kilómetros; la línea de las Baleares, que corta el espacio en diagonal, y por el medio; la Córcega y la Cerdaña, que se siguen y que por su dirección recta parecen un camino trazado de uno a otro continente; Sicilia, cuya punta occidental dista apenas 150 kilómetros de la costa de Túnez; Malta, las islas del archipiélago, sin contar multitud de otras islas e islotes que están a su disposición y de las cuales se aprovechan a juzgar por las grandes cantidades de estos pájaros que en ellas son capturados durante las épocas del paso.
Una mañana de mayo había en la Ciotat barcos de pesca, que tenían a bordo una docena de pequeños tiburones; fueron éstos abiertos, y no había ninguno que no tuviese de ocho a doce codornices en el cuerpo. Desde antigua fecha son conocidas las inmensas capturas de pájaros que se realizan todos los años en el litoral de Italia. En el penúltimo siglo se cogieron hasta 100,000 codornices, en un solo día, en Nettuno, en el reino de Nápoles, en una extensión de costa de una a dos leguas.
El obispo de Capri se hacía una renta anual de 25,000 libras con los permisos de caza que daba en su isla, de lo cual le provenía el sobrenombre de Obispo de las codornices. Importa consignar, para darse cuenta de las grandes cantidades que debían ser capturadas, que en aquella fecha estos pájaros se vendían en Roma a unos ocho francos el centenar.
Esta industria de las costas italianas no ha hecho más que aumentar con las facilidades del transporte y con el mayor valor adquirido por esta caza. Hoy se exporta a todas direcciones, enviándose hasta el Norte codornices enjauladas, de las que se llenan grandes vagones. Sin necesidad de prolongar más nuestras observaciones, queda demostrado cuán interesante y lleno de interés es el asunto de la vuelta de los pájaros hacia nuestros climas a los primeros días bellos, y cuán merecedor de ser atentamente estudiado es este asunto.
El instinto y la inteligencia de los animales continúan siendo un grande y seductor problema para el amigo de la naturaleza. Es de desear que los meteorólogos lleguen un día a imitar a los astrónomos y a los pájaros, y a determinar de antemano la acción de la naturaleza sobre nuestro variable planeta. Así no estaríamos expuestos a recibir sorpresas tan desagradables como las que nos proporcionan algunos meses de mayo, que responden muy poco a su reputación.
4 Ciudad ubicada en el norte de Suiza en el recodo renano y hace frontera con Alemania y Francia.
5 Se encuentra al Sur de África, descubierto por el navegante portugués Bartolomé Díaz, en el año 1488. (Notas del digitalizador).



