NUEVOS PARADIGMAS DE LA CIENCIA
“Pienso, luego existo”– Descartes – Filósofo S. XVII
Cómo muy bien explicó el padre del racionalismo filosófico, Descartes, la característica principal que define al hombre
es la capacidad de pensar, y a través de ella se puede confirmar
la realidad de la propia existencia.
La inteligencia es una facultad de la mente que nos permite no sólo pensar, sino el raciocinio, la cognición y el poder entender lo que ocurre a nuestro alcance. Sin embargo, en
la evolución antropo-socio-psicológica de la especie humana,
dónde nuestros ancestros provienen del homo-sapiens y con
anterioridad de los simios, la inteligencia apenas existía a un
nivel primario, siendo el instinto el gobernador principal de las
acciones y reacciones de nuestros antepasados.
El instinto en sí es otro tipo de inteligencia que predomina, ampliamente desarrollada en especies inferiores como
los animales, y también está presente en la vida del hombre,
aunque de forma inconsciente muchas veces y en contadas
ocasiones de forma consciente. Es el reducto de la evolución
anclado en el inconsciente profundo del ser que prueba además
que somos un ser milenario, con automatismos fisiológicos y
genéticos procedentes de la herencia biológica, pero con un
acervo todavía mayor de características psicológicas y espirituales cuyo origen se remonta varios millones de años, cuando
el principio inteligente que ahora nos rige comenzaba sus primeras experiencias evolutivas en los animales unicelulares.
Así pues, el hombre es el resultado de su herencia biológica, psicológica y espiritual, y el grado de inteligencia que posee cada uno es personal, individual e intransferible, pues procede de la totalidad de procesos evolutivos por los que cada ser
transcurre en su andadura evolutiva. Si prestamos atención a
la ciencia, el psicólogo Howard Gardner presenta en el hombre
hasta ocho tipos de inteligencia diferentes que abarcan todo un
amplio campo de la cognición, la percepción, la sensación o la
emoción.
“Cada ser humano tiene una combinación
única de inteligencia, podemos ignorar las
diferencias, pero yo creo que todas las
personas tienen un tipo de mente distinto”
(H. Gardner – Psicólogo)
Respecto al origen de la inteligencia, los científicos naturalistas la atribuyen a una función de la mente.
A pesar de ser
exacta esta afirmación no es del todo precisa, el problema llega
a la hora de explicar el origen de la mente, pues consideran
que esta última es producto de las relaciones que se establecen
entre las neuronas cerebrales que dan origen al pensamiento y
mediante un proceso evolutivo.
Sin embargo, todavía están muy lejos de probar tal afirmación, es más un deseo que una tesis comprobada, los hechos
lo desmienten, pues la inteligencia ya no depende únicamente
del Qi (Coeficiente Intelectual) sino que la emoción tiene también mucho que decir en ese proceso, y la forma en que se
procesa la inteligencia emocional no está todavía verificada por
completo.
Es más, una persona a la que se haya trepanado una
parte de su cerebro, debería perder parte de su capacidad intelectiva o emocional, así como su propia conciencia e individualidad si todo esto emerge del cerebro. Sin embargo se
observa todo lo contrario; la persona puede perder recuerdos,memoria o capacidades sensitivas, pero lo que no pierde nunca
es la inteligencia, la individualidad ni la conciencia propia de su
existencia. Este simple ejemplo nos demuestra que la mente,
como sustancia inmaterial que es, no puede ser producida por
el cerebro, más bien al contrario, el cerebro es el aparato, el
receptor de los impulsos de la mente que no son otros que los
pensamientos y las emociones.
Comprendiendo que somos seres inmortales en cuanto a
nuestro espíritu que viene evolucionando desde hace millones
de años es todo mucho más fácil.
La inteligencia es efectivamente una función de la mente, y esta no es otra cosa que un
instrumento del espíritu, como la conciencia o el propio cerebro. Es la voluntad de nuestro ser inmortal y milenario la que
imprime a través de la mente las capacidades intelectivas y
emocionales, así como las respuestas que damos a las sensaciones y percepciones que experimentamos y que el sistema
nervioso central traslada a nuestro cerebro.
La inteligencia es así el resultado del proceso evolutivo
de cada espíritu en su trayectoria milenaria. Unos más y otros
menos inteligentes, no depende del tamaño del cerebro, ni de
los genes biológicos heredados de nuestros ancestros -como
debería ser si fuera cierta la teoría materialista- sino del desarrollo alcanzado por nosotros mismos en ese área intelectiva a través de las diferentes experiencias en la carne, vida tras vida,
asimilando, comprendiendo, razonando, creciendo intelectualmente.
Si la inteligencia fuera resultado de los genes, cómo es
posible que de padres, abuelos o tatarabuelos analfabetos puedan surgir genios y personas de inteligencias privilegiadas, y al
contrario, cómo de padres inteligentes pueden surgir hijos con
escasa inteligencia a pesar de estar biológicamente sanos.
Sin duda la inteligencia es lo que caracteriza el “principio
inteligente” definición dada por Allán Kardec para explicar la característica esencial del alma humana. No sólo eso, la evolución
y con ello el desarrollo de la inteligencia presenta una doble
naturaleza, la animal y la espiritual. La primera procede de la
evolución biológica de especies inferiores.., vegetal, animal y
humana, mientras que la segunda hace referencia a la evolución del principio espiritual que acompaña la evolución biológica
desde la primera célula. Un principio espiritual que, al llegar a
la etapa humana adquiere las facultades de la mente y con ello
la inteligencia que lo llevará a las capacidades de autoreflexión,
conciencia de sí mismo e individualidad.
“Todo efecto inteligente procede de una causa inteligente”. El principio inteligente (Espíritu Inmortal o Ser
pensante) procede sin duda de una causa inteligente que lo ha
creado simple e ignorante, y que contiene en estado latente
las capacidades de desarrollo intelectivo, emocional y espiritual
propias de su creador.
Capacidades y cualidades que mediante
el impulso y el desarrollo de la evolución a través de millones de
años van elevando su potencial intelectual y moral, en rumbo
permanente hacia la plenitud, la felicidad y la perfección relativa a la que todos estamos llamados.
Antonio Lledó Flor

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