La personalidad humana
es una representación parcial tan sólo de la personalidad trascendente.
es una representación parcial tan sólo de la personalidad trascendente.
El cuerpo psíquico, actúa
como unión entre el espíritu y el cuerpo biológico ya que el ego superior
o espíritu, no puede manifestarse directamente en el plano físico,
para lo que necesita el alma humana.
El alma tiene la misma forma y configuración que el cuerpo
físico y comprende dos aspectos: la mente psíquica condicionada a
recibir el pensamiento y demás facultades del espíritu y el cuerpo sensorial
o emocional.
La primera permite recibir al espíritu las manifestaciones del
plano físico así como, recíprocamente, transmitir las sensaciones espirituales
a la personalidad; mientras que el cuerpo sensorial transmite
a la personalidad la energía estimulante que recibe del espíritu; es
decir, la facultad sin la que nuestra personalidad no tendría entusiasmo
para actuar.
Cuando una persona fallece, el cuerpo físico deja de recibir la
energía del espíritu y la fuerza cohesiva del cuerpo psíquico o alma;
entonces comienza la disgregación de los átomos y la putrefacción.
A continuación la mente y el alma humana que conforman el cuerpo
psíquico pasan a manifestarse en el mundo astral. El cuerpo físico se
compone de materia orgánica; el cuerpo psíquico de materia astral,
energía emanada de la Divinidad Creadora que modela la forma de
ese cuerpo psíquico.
El cuerpo psíquico se ve afectado grandemente por vibraciones
emanadas de otras mentes, encarnadas o desencarnadas, así como
por los pensamientos y sentimientos de la persona misma.
El espíritu o ego superior, es vibración intensa y energía sutilísima;
carece de forma y se compone de dos aspectos; la mente espiritual
superior y el alma espiritual superior. En la primera residen las
facultades intelectivas, raciocinativas, volitivas y rectora o directriz, la
memoria de todo lo aprendido a través de las diversas existencias.
El
alma espiritual superior es la envoltura donde reside la facultad sensorial
que percibe y manifiesta las bellezas y sentimientos elevados, y
vibra siempre en sentimientos y deseos de bien.
En el aspecto psíquico, ya descrito anteriormente, reside la
mente humana, conocida como mente consciente, receptora de las
vibraciones de la mente superior. Esta mente humana se manifiesta a
través del cerebro y sirve de archivo o memoria del conocimiento adquirido
en la vida presente.
Como ya explicamos arriba en el aspecto
psíquico reside igualmente el alma humana con sus facultades sensoriales
y emocionales; siendo que el alma espiritual superior puede
percibir a través del alma humana las bellezas y sensaciones del plano
físico.
El alma superior experimenta, en las personas evolucionadas,
un deseo de melancolía, un ansia que se traduce en el deseo de darse
a los demás. Si analizamos detenidamente nuestros sentimientos,
podremos distinguir fácilmente aquellos que proceden del alma espiritual
superior y los del alma humana.
El deseo de riquezas y poder, la atracción al sexo y a las conveniencias humanas, la búsqueda de los placeres inmediatos están relacionados
con el alma inferior humana.
La atracción y encanto hacia
las bellezas de la naturaleza, las expresiones artísticas y musicales, el
ansia en cooperar en toda acción de bien, son sensaciones procedentes
del alma espiritual superior.
Toda inspiración viene del ego superior.
El ego humano sólo conoce
lo que su mente ha aprendido en la vida actual a través de los
sentidos, grabado en su cerebro psíquico e inter-penetrado en el cerebro
físico. Las experiencias y aprendizaje intenso pasan a la mente
superior y servirá al espíritu para las siguientes vidas humanas.
Así pues, los valores intelectuales, son el cúmulo de múltiples
experiencias y aprendizajes en diversas vidas y en el plano espiritual,
entre una existencia física y otra. Las genialidades, inspiraciones, etc.
son manifestaciones del ego superior.
La armonía vibratoria de la mente y el alma humana son de
grandísima importancia para una mejor manifestación del espíritu o
ego superior.
Necesitamos purificar y sutilizar los deseos y sentimientos para
que el cuerpo psíquico pueda ser más receptivo a las vibraciones del
espíritu y este se manifieste de forma más eficiente.
Es preciso también realizarse interna y externamente, sin dejarse
vencer por la comodidad o la desidia, donde el espíritu no progresa,
siendo motivo de sufrimiento y derivando en estados psíquicos depresivos,
desasosiego e incomodidad, que generan infelicidad. Cuando
dormimos, el espíritu se desprende con su cuerpo psíquico y recupera
energía.
Sebastián De Arauco

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