miércoles, 24 de julio de 2019

Mente, Alma y Espíritu


La personalidad humana
es una representación parcial tan sólo de la personalidad trascendente. 
El cuerpo psíquico, actúa como unión entre el espíritu y el cuerpo biológico ya que el ego superior o espíritu, no puede manifestarse directamente en el plano físico, para lo que necesita el alma humana. 
El alma tiene la misma forma y configuración que el cuerpo físico y comprende dos aspectos: la mente psíquica condicionada a recibir el pensamiento y demás facultades del espíritu y el cuerpo sensorial o emocional. La primera permite recibir al espíritu las manifestaciones del plano físico así como, recíprocamente, transmitir las sensaciones espirituales a la personalidad; mientras que el cuerpo sensorial transmite a la personalidad la energía estimulante que recibe del espíritu; es decir, la facultad sin la que nuestra personalidad no tendría entusiasmo para actuar. Cuando una persona fallece, el cuerpo físico deja de recibir la energía del espíritu y la fuerza cohesiva del cuerpo psíquico o alma; entonces comienza la disgregación de los átomos y la putrefacción. 

A continuación la mente y el alma humana que conforman el cuerpo psíquico pasan a manifestarse en el mundo astral. El cuerpo físico se compone de materia orgánica; el cuerpo psíquico de materia astral, energía emanada de la Divinidad Creadora que modela la forma de ese cuerpo psíquico. 
El cuerpo psíquico se ve afectado grandemente por vibraciones emanadas de otras mentes, encarnadas o desencarnadas, así como por los pensamientos y sentimientos de la persona misma. 
El espíritu o ego superior, es vibración intensa y energía sutilísima; carece de forma y se compone de dos aspectos; la mente espiritual superior y el alma espiritual superior. En la primera residen las facultades intelectivas, raciocinativas, volitivas y rectora o directriz, la memoria de todo lo aprendido a través de las diversas existencias. 

El alma espiritual superior es la envoltura donde reside la facultad sensorial que percibe y manifiesta las bellezas y sentimientos elevados, y vibra siempre en sentimientos y deseos de bien. 
En el aspecto psíquico, ya descrito anteriormente, reside la mente humana, conocida como mente consciente, receptora de las vibraciones de la mente superior. Esta mente humana se manifiesta a través del cerebro y sirve de archivo o memoria del conocimiento adquirido en la vida presente. 
Como ya explicamos arriba en el aspecto psíquico reside igualmente el alma humana con sus facultades sensoriales y emocionales; siendo que el alma espiritual superior puede percibir a través del alma humana las bellezas y sensaciones del plano físico. 

El alma superior experimenta, en las personas evolucionadas, un deseo de melancolía, un ansia que se traduce en el deseo de darse a los demás. Si analizamos detenidamente nuestros sentimientos, podremos distinguir fácilmente aquellos que proceden del alma espiritual superior y los del alma humana. El deseo de riquezas y poder, la atracción al sexo y a las conveniencias humanas, la búsqueda de los placeres inmediatos están relacionados con el alma inferior humana. 
La atracción y encanto hacia las bellezas de la naturaleza, las expresiones artísticas y musicales, el ansia en cooperar en toda acción de bien, son sensaciones procedentes del alma espiritual superior. 

Toda inspiración viene del ego superior. 

El ego humano sólo conoce lo que su mente ha aprendido en la vida actual a través de los sentidos, grabado en su cerebro psíquico e inter-penetrado en el cerebro físico. Las experiencias y aprendizaje intenso pasan a la mente superior y servirá al espíritu para las siguientes vidas humanas. Así pues, los valores intelectuales, son el cúmulo de múltiples experiencias y aprendizajes en diversas vidas y en el plano espiritual, entre una existencia física y otra. Las genialidades, inspiraciones, etc. son manifestaciones del ego superior. La armonía vibratoria de la mente y el alma humana son de grandísima importancia para una mejor manifestación del espíritu o ego superior. 

Necesitamos purificar y sutilizar los deseos y sentimientos para que el cuerpo psíquico pueda ser más receptivo a las vibraciones del espíritu y este se manifieste de forma más eficiente. Es preciso también realizarse interna y externamente, sin dejarse vencer por la comodidad o la desidia, donde el espíritu no progresa, siendo motivo de sufrimiento y derivando en estados psíquicos depresivos, desasosiego e incomodidad, que generan infelicidad. Cuando dormimos, el espíritu se desprende con su cuerpo psíquico y recupera energía.

Sebastián De Arauco

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